Alfonso Mareschal
Expertos

Presidenta del Colegio Oficial de Enfermeros y Enfermeras de Santa Cruz de Tenerife, Dª. Natalia Rodríguez Novo analiza la situación actual del sistema sanitario desde la perspectiva de una profesión imprescindible para garantizar la calidad, la seguridad y la sostenibilidad de la atención. En esta entrevista reflexiona sobre el déficit de profesionales, el envejecimiento de la población, el liderazgo enfermero y los cambios que necesita el sistema para responder a los desafíos presentes y futuros.

PREGUNTA: Desde la Enfermería, ¿cómo se evalúa el estado de salud de la población tinerfeña? ¿Y desde dónde se observa mejor esa realidad: desde los despachos o desde la atención directa?

 

RESPUESTA: La Enfermería ofrece una visión privilegiada del estado de salud de la población porque es la profesión sanitaria que mantiene un contacto más cercano, continuado y directo con las personas, las familias y la comunidad a lo largo de todas las etapas de la vida. Esa proximidad nos permite conocer no solo la evolución de las enfermedades, sino también los factores sociales, familiares y ambientales que condicionan la salud de la ciudadanía.

 

La realidad que observamos refleja una población cada vez más envejecida, con un mayor peso de las enfermedades crónicas, la pluripatología y la dependencia, lo que incrementa la complejidad de los cuidados y exige una respuesta sanitaria cada vez más coordinada y especializada.

 

Al mismo tiempo, nos encontramos con un sistema sanitario sometido a una elevada presión asistencial, condicionado por el incremento de la demanda, la escasez de profesionales y la insuficiencia de recursos estructurales para responder con la agilidad que requieren los ciudadanos. No hablamos únicamente del déficit de enfermeras, sino también de la necesidad de reforzar infraestructuras, dispositivos sociosanitarios y recursos comunitarios que permitan ofrecer una atención integral y continuada.

 

Esa combinación de una población con mayores necesidades de cuidados y un sistema sometido a una presión creciente repercute directamente en la accesibilidad, en los tiempos de respuesta y en la capacidad para ofrecer una atención con los niveles de calidad, seguridad y excelencia que la población merece.

 

Por ello, las enfermeras insistimos en la necesidad de planificar el futuro del sistema sanitario con una visión estratégica, reforzando la inversión en profesionales, en prevención, en atención comunitaria y en cuidados, porque solo así podremos garantizar una asistencia más resolutiva, sostenible y centrada en las personas.

 

 

P: Siendo así, ¿el estado de salud de la profesión cómo diría que se encuentra?

 

R: La profesión enfermera atraviesa un momento decisivo. Nunca antes había sido tan evidente su aportación al sistema sanitario ni tan necesarias las soluciones para afrontar los retos presentes y futuros. Las enfermeras hemos demostrado nuestra capacidad asistencial, científica, docente y gestora, pero seguimos enfrentándonos a desafíos estructurales que condicionan tanto nuestro desarrollo profesional como la calidad de la atención que recibe la ciudadanía.

 

El principal reto continúa siendo el déficit de enfermeras. Se trata de una realidad ampliamente constatada y reconocida por las administraciones sanitarias, que responde a una insuficiente planificación durante años. La formación de nuevos profesionales debe incrementarse, reforzando la capacidad de las universidades para responder a las necesidades reales del sistema sanitario y garantizar el relevo generacional, especialmente en un contexto marcado por el progresivo envejecimiento de la población y la jubilación de un elevado número de profesionales.

 

La escasez de enfermeras repercute directamente en la organización asistencial, incrementando la carga de trabajo y situando las ratios paciente-enfermera por encima de las recomendaciones internacionales. Cuando una enfermera debe atender simultáneamente a un mayor número de pacientes, disminuye el tiempo disponible para el cuidado, la educación sanitaria, la prevención y el acompañamiento, elementos esenciales para ofrecer una atención segura, humanizada y de calidad.

 

Esta situación genera además un importante desgaste profesional. La Enfermería es una profesión profundamente vocacional, comprometida con el cuidado integral de las personas. Sin embargo, la elevada presión asistencial dificulta en muchas ocasiones prestar los cuidados con el nivel de excelencia que los propios profesionales desean ofrecer, lo que provoca frustración y desgaste emocional.

 

A ello se suman aspectos que siguen pendientes de resolver, como la mejora de las condiciones laborales, una mayor estabilidad en el empleo, el reconocimiento de la categoría profesional que le corresponde en función de su formación y el desarrollo pleno de las competencias enfermeras. Este reconocimiento trasciende el ámbito retributivo; supone reconocer la formación, la responsabilidad y la capacidad de liderazgo de una profesión llamada a desempeñar un papel cada vez más relevante en la gestión sanitaria, la investigación, la docencia y la toma de decisiones.

 

Otro de los grandes retos es consolidar las especialidades de Enfermería. Es necesario ampliar las plazas de formación especializada, crear categorías profesionales específicas y garantizar que las enfermeras especialistas puedan desarrollar plenamente las competencias para las que han sido formadas. Apostar por la especialización significa ofrecer cuidados más seguros, eficaces y adaptados a las necesidades de una población cada vez más compleja.

 

Por último, no podemos obviar el impacto que la pandemia ha dejado sobre la salud emocionalde muchos profesionales. El incremento del estrés, el agotamiento y los problemas de salud mental, unido al preocupante aumento de las agresiones a profesionales sanitarios, exige una respuesta firme por parte de las administraciones y de la sociedad. Cuidar a quienes cuidan constituye una condición indispensable para mantener un sistema sanitario sólido, resiliente y preparado para responder a los desafíos del futuro.

 

Invertir en Enfermería no significa únicamente mejorar las condiciones de una profesión; significa reforzar la capacidad del sistema sanitario para ofrecer una atención más accesible, segura, eficiente y centrada en las personas.

 

 

 


Dª Natalia Rodríguez Novo.

 

 

 

P: En unaentrevista reciente, a tenor de su nombramiento como presidente del 'Consejo Internacional de Enfermeras (CIE)', D. José Luis Cobos nos recordaba, precisamente, la importancia de la profesión en todos los ámbitos en los que opera, que son los mismos que tú acabas de nombrarnos: asistencial, docente, administrador, político y gestor. Dime, ¿por qué no se puede dejar de insistir en todos ellos?

 

R: La Enfermería ha demostrado a lo largo de su historia una extraordinaria capacidad para adaptarse, liderar e innovar. Es una profesión resolutiva, cercana a las personas y con una visión integral de los cuidados, lo que nos permite aportar un valor diferencial en todos los niveles del sistema sanitario. Esa capacidad quedó especialmente patente durante la pandemia, pero forma parte de nuestra práctica diaria en hospitales, centros de salud, atención domiciliaria, salud pública, docencia, investigación y gestión.

 

En los últimos años hemos dado pasos muy importantes en el reconocimiento de nuestras competencias. La implantación de la prescripción enfermera, el desarrollo de la gestión compartida de la demanda o la ampliación de nuestras capacidades clínicas son ejemplos de una evolución que beneficia directamente a la ciudadanía, al facilitar una atención más ágil, accesible y resolutiva.

Sin embargo, el crecimiento de la profesión no puede limitarse únicamente al ámbito asistencial. Nuestro modelo sanitario actual necesita enfermeras investigando, generando evidencia científica, formando a las nuevas generaciones de profesionales y participando en los espacios donde se diseñan las políticas sanitarias y se toman decisiones estratégicas.

 

La investigación enfermera resulta esencial para mejorar los cuidados, evaluar resultados en salud e incorporar prácticas basadas en la mejor evidencia científica. Del mismo modo, la presencia de enfermeras en la universidad, en los órganos de gestión, en comités de expertos y en las instituciones permite incorporar la perspectiva de quienes conocen de primera mano las necesidades de los pacientes y el funcionamiento cotidiano del sistema sanitario.

 

No se trata de una aspiración corporativa, sino de una necesidad del propio sistema. Allí donde las enfermeras participan en la toma de decisiones, los modelos asistenciales son más eficientes, se fortalece la continuidad de los cuidados y se mejora la experiencia de los pacientes. El liderazgo enfermero representa una oportunidad para construir una sanidad más innovadora, sostenible y centrada en las personas.

 

Por ello, seguiremos defendiendo el desarrollo pleno de la profesión en todos sus ámbitos de competencia, asistencial, docente, investigador, gestor y de liderazgo institucional, porque fortalecer a la Enfermería significa fortalecer la capacidad del sistema sanitario para responder a los desafíos presentes y futuros.

 

 

P: En ocasiones, da la sensación de que los cambios en la realidad asistencial, de los que médicos y enfermeras son testigos directos en su día a día, tardan en hacerse efectivos por culpa del sinfín de trámites burocráticos que los rodean. Lo que ocurre en las consultas y quirófanos, o lo que demuestra la evidencia científica, parece emprender un largo camino antes de llegar a los pacientes. ¿Podría representar la Enfermería una figura capaz de ayudar a agilizar ese proceso?

 

R: Sin ninguna duda. La Enfermería ya está demostrando que puede desempeñar un papel decisivo en la transformación del sistema sanitario, precisamente porque combina el conocimiento científico con una visión integral y continua del proceso asistencial. Las enfermeras somos testigos directos de la realidad clínica y conocemos de primera mano las necesidades de los pacientes, las dificultades organizativas y las oportunidades de mejora. Esa posición privilegiada nos permite identificar con rapidez qué procedimientos pueden optimizarse y qué cambios contribuyen a ofrecer una atención más segura, eficiente y centrada en las personas.

 

Ejemplos como la prescripción enfermera, la gestión compartida de la demanda o el desarrollo de protocolos y guías clínicas basados en la evidencia científica demuestran que, cuando se confía en las competencias de la Enfermería, el sistema gana en agilidad, accesibilidad y capacidad resolutiva, beneficiando directamente a pacientes y profesionales.

 

El reto no suele estar en generar conocimiento o alcanzar consensos entre los profesionales, sino en trasladar con rapidez esos avances a la práctica clínica. Con frecuencia, los procedimientos administrativos y los procesos burocráticos retrasan la implantación de mejoras que ya han demostrado su eficacia. Reducir esa brecha entre la evidencia científica y la práctica asistencial es uno de los grandes desafíos de nuestro sistema sanitario.

 

La Enfermería puede contribuir de forma muy significativa a acelerar ese proceso porque participa en todas las etapas de la atención sanitaria y mantiene una visión transversal que conecta la prevención, la asistencia, la educación para la salud, la continuidad de los cuidados y la coordinación entre niveles asistenciales.

 

La pandemia fue un claro ejemplo de esa capacidad de liderazgo. Las enfermeras reorganizaron circuitos asistenciales, diseñaron protocolos, coordinaron equipos, impulsaron campañas de vacunación, formaron a otros profesionales y desarrollaron una intensa labor de educación sanitaria dirigida a la población. Demostramos que, además de cuidar, somos capaces de liderar procesos de cambio, gestionar la complejidad y aportar soluciones innovadoras en los momentos de mayor incertidumbre.

 

Por eso, incorporar la visión enfermera en el diseño de las políticas sanitarias y en la toma de decisiones no solo fortalece a la profesión, sino que permite construir un sistema sanitario más ágil, más eficiente y mejor preparado para responder a las necesidades presentes y futuras de la población.

 

 

P: En el ámbito privado, las barreras son otras –seguramente, no tan ligadas a precios o partidas presupuestarias–; pero las hay. No en vano, toca traducir la realidad de la Asistencia Sanitaria a los Seguros y garantizarla. A este respecto, ¿cuál es la misión del Colegio? ¿En qué se parece –y en qué se diferencia– la negociación con unos y con otros?

 

R: El Colegio Oficial de Enfermeras tiene la responsabilidad de representar y defender a la profesión en todos los ámbitos en los que desarrolla su actividad, siempre con un objetivo claro: contribuir a mejorar la atención sanitaria que reciben los ciudadanos. Para ello mantenemos un diálogo permanente con las administraciones públicas, las universidades, las organizaciones profesionales, las sociedades científicas, los agentes sociales y también con el sector sanitario privado. Nuestro papel consiste en aportar una visión técnica y profesional que permita identificar las necesidades reales de la Enfermería y trasladarlas a quienes tienen capacidad para impulsar cambios. Entendemos que los grandes retos de la sanidad requieren la colaboración de todos los actores implicados.

 

En ese contexto, la sanidad privada y los seguros de salud desempeñan un papel complementario dentro del sistema sanitario. Para un número creciente de ciudadanos representan una alternativa que facilita un acceso más ágil a consultas, pruebas diagnósticas o procedimientos especializados, contribuyendo a aliviar parte de la presión asistencial existente y ofreciendo una mayor capacidad de respuesta a las necesidades de la población.

 

No obstante, tanto el ámbito público como el privado comparten un desafío común: la disponibilidad de profesionales de Enfermería. El déficit de enfermeras afecta a todo el sistema sanitario y condiciona la capacidad para responder a una demanda asistencial cada vez más compleja. Por ello, atraer y fidelizar talento pasa necesariamente por ofrecer condiciones laborales competitivas, oportunidades de desarrollo profesional y entornos que favorezcan la calidad de los cuidados.

 

Desde el Colegio defendemos que la colaboración entre todos los agentes del sistema debe orientarse siempre al interés general. Independientemente del ámbito en el que desarrollen su labor, las enfermeras desempeñan una función esencial para garantizar una atención segura, eficiente y de calidad. Nuestro compromiso es trabajar para que dispongan del reconocimiento, los recursos y las condiciones necesarias para ejercer plenamente sus competencias, porque invertir en Enfermería es invertir en mejores resultados en salud para toda la población.

 

 

 


Dª Natalia Rodríguez Novo.

 

 

 

P: En cualquiera de los casos, ¿quién debería resultar beneficiado?

 

R: El principal beneficiario debe ser siempre el paciente. Todas las iniciativas que impulsamos desde la Enfermería tienen ese objetivo: mejorar la calidad, la seguridad y la accesibilidad de la atención sanitaria.

 

Cuando defendemos una mayor presencia de enfermeras, el desarrollo de las especialidades, la prescripción enfermera o mejores condiciones para ejercer nuestra profesión, no estamos planteando reivindicaciones corporativas. Estamos apostando por un sistema sanitario más resolutivo, eficiente y centrado en las personas.

 

Está demostrado que invertir en Enfermería mejora los resultados en salud, favorece la prevención, reduce complicaciones y aumenta la satisfacción de los pacientes. En definitiva, fortalecer la profesión enfermera es fortalecer la calidad de la asistencia sanitaria que recibe toda la ciudadanía.

 

 

P: A su modo de ver, y en relación con el acceso al sistema sanitario –sea público o privado–, ¿dónde se encuentra hoy el riesgo más gravoso para la Salud de los Canarios? ¿En las Pruebas Diagnósticas? ¿En las Consultas con Especialista?

 

R: No creo que el principal problema se encuentre en un único punto del sistema. Más que una cuestión de pruebas diagnósticas o de consultas con especialistas, hablamos de una acumulación de factores que dificultan el acceso ágil y eficiente a la atención sanitaria.

 

El envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas, la elevada demanda asistencial y la falta de coordinación entre algunos niveles de atención generan demoras que afectan al conjunto del sistema. A ello se suma la insuficiencia de recursos sociosanitarios, que hace que muchos pacientes permanezcan ingresados en hospitales cuando, por su situación clínica, deberían recibir cuidados en otros dispositivos más adecuados.

 

Por eso, el gran reto no es actuar sobre un único elemento, sino mejorar la planificación, la coordinación entre los distintos niveles asistenciales y reforzar los recursos humanos y sociosanitarios. Solo desde una visión integral podremos ofrecer una atención más accesible, eficiente y centrada en las necesidades de las personas.

 

Por eso digo que el riesgo más gravoso no es uno solo: es la acumulación de desajustes asistenciales, diagnósticos, organizativos y sociosanitarios.

 

 

P: Sea como sea, ¿cuál es el origen del problema? ¿En qué medida coinciden con las demandas de las enfermeras y enfermeros? Y lo más importante: ¿cómo podrían éstas solucionarse?

 

R: El origen del problema está, en gran medida, en la falta de planificación. Sabemos que la población envejece, que aumentan las enfermedades crónicas y que existe un déficit de profesionales, por lo que es imprescindible adoptar decisiones pensando en las necesidades de los próximos años y no solo en las del presente.

 

Las demandas de la Enfermería responden precisamente a esa realidad: necesitamos más profesionales, una mayor capacidad formativa, el desarrollo de las especialidades, el reconocimiento de nuestras competencias y una apuesta decidida por la atención comunitaria, domiciliaria y preventiva.

 

La solución pasa por fortalecer la Enfermería como eje del sistema sanitario. Formar y retener más enfermeras, potenciar figuras como la enfermera gestora de casos o la enfermera escolar y mejorar la coordinación sociosanitaria permitirá ofrecer una atención más eficiente, prevenir complicaciones y responder mejor a las necesidades de una población cada vez más envejecida.

 

En definitiva, invertir en Enfermería es invertir en la sostenibilidad del sistema sanitario y en una atención más segura, accesible y de mayor calidad para toda la ciudadanía.

 

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