Alfonso Mareschal

Las agresiones al personal sanitario siguen en aumento, reflejando una realidad preocupante en el Sistema Nacional de Salud (SNS). Más allá de los datos, el desgaste emocional y la Salud Mental de médicos y enfermeras se convierten en un desafío urgente. No en vano, cuidar de quien nos cuida es clave para garantizar un Sistema Sanitario sostenible, humano y de calidad.

El año pasado (2025), el número total de agresiones a profesionales del Sistema Nacional de Salud (SNS) ascendió a 18.563, aumentando en un 8,74 % respecto al año anterior (2024), según los datos que recoge y aporta anualmente elMinisterio de Sanidad. De todas ellas, el 34 % estuvieron dirigidas a personal facultativo, y el 30 %, a personal de enfermería; siendo, como siempre, los dos colectivos sanitarios más perjudicados.

 

Frente a los números, la cruda realidad: ¿estamos cuidando verdaderamente de quien nos cuida?

 

I. Un largo camino por recorrer

 

Preguntado al respecto, D. José Luis Cobos, presidente del Consejo Internacional de Enfermeras (CIE), se muestra tajante: “Sin duda, en el tema ‘cuidar de quien nos cuida’ queda mucho camino por recorrer. Porque muchas veces nos centramos en cuidar a las personas que están ingresadas o que necesitan una atención cercana, pero nos olvidamos de quién está ahí detrás, porque también necesita cuidarse”. Pero, exactamente, ¿de qué?

 

Según el informe ‘Situación laboral y necesidades percibidas por las enfermeras en España’ (2024), “a nivel nacional, el 39,3 % de las enfermeras se han planteado abandonar la profesión”, siendo sus preocupaciones más acuciantes las relativas a la estructuración y profesionalización de la profesión, la asunción de responsabilidades clínicas y de gestión, la capacitación e implantación de una formación uniforme a nivel nacional y de una práctica basada en la evidencia científica; pero también asomaron otros aspectos que, sin estar recogidos en el cuestionario inicial, representan una fuente de incertidumbre y nerviosismo (real) dentro de la profesión, como son: cuestiones vinculadas a los ratios, a la estabilidad, a la conciliación, a las condiciones laborales, a la precarización de los contratos, al salario, a las horas de ejercicio continuado y a los turnos, a la estabilidad o al reconocimiento; por no hablar de los problemas derivados de los altos niveles de estrés y carga emocional que inciden en la Salud Mental de los (y las) profesionales.

 

 

II. Salud mental: el gran desafío

 

El 10 de octubre de 2025, con motivo de la celebración del Día Mundial de la Salud Mental, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el informe MeND’, la encuesta más grande hecha hasta el momento “sobre la salud mental de enfermeros y médicos en la Unión Europea, Islandia y Noruega”; y de ella se desprendieron una serie de titulares preocupantes. Por ejemplo: que uno de cada tres médicos y enfermeras alude síntomas de depresión o ansiedad. Que los médicos y enfermeras tienen cinco veces más probabilidades que la población general de experimentar síntomasde depresión (36 % frente al 6 %). También, que uno de cada tres médicos y enfermeras estuvo expuesto a acoso oamenazas violentas en el trabajo durante el último año –recordando, eso sí, que el informe es de 2025–, mientras que el 10 % reporta exposición a violencia física y acoso sexual, siendo que los trabajadores expuestos a violencia, acoso y bullying presentan hasta el doble de prevalencia de problemas de salud mental, que aumenta, por otro lado, a medida que lo hacen las horas de trabajo y la frecuencia de los turnos nocturnos.

 

A este respecto, la psicóloga Dª. Alicia Méndez nos hablaba, en su momento, acerca de cómo abordar “el acompañamiento a profesionales que conviven con situaciones de estrés diarias, tales como bomberos, policías o médicos”, y de cómo, en todo caso, “lo fundamental para llevar a cabo una buena evaluación –y, por tanto, una buena intervención– es la valoración inicial; que dependerá del modo en que, además de recoger tu historia clínica, recoja todas las variables que puedan estar influyendo en ti en en este preciso momento”. Para la OMS, dichos condicionantes serían: la exposición a la violencia, las horas de trabajo y la tipología de los contratos, el apoyo y /o control social, y la presencia –o ausencia– de estructuras de apoyo en los lugares de trabajo.

 

Por si fuera poco, “en el caso de las enfermeras ocurre, pero también en el caso de los cuidadores informales, que ven cómo tienen que enfrentarse a una situación desconocida con un familiar o un allegado y no saben canalizar todas esas emociones”, tal y como nos recuerda el presidente del Consejo Internacional de Enfermeras (CIE), D. José Luis Cobos.

 

 

III. Entonces, ¿qué hacemos?

 

Está claro que el primer paso para afrontar una necesidad es escucharla –y conocerla–, pero no debería quedarse sólo en eso: hay que atenderla.

 

“En el caso de las enfermeras”, sostiene Cobos, “los Gobiernos deben apostar por potenciar la atención psicológica de los cuidadores. Que una enfermera o un enfermero no pueda irse a su casa con un problema de ansiedad por culpa de la sobrecarga de trabajo. Y esto, por desgracia, es lo que está ocurriendo: que la falta de profesionales y las condiciones de trabajo actuales hacen que tengan mayor estrés y sensación de no llegar a todo lo que hay que hacer”.

 

Su conclusión al respecto es clara: “Esto no podemos permitirlo y debemos trabajar junto a otras profesiones hermanas para que la atención a la salud mental y la mejora de las condiciones laborales estén garantizadas entre profesionales”.

 

Además, lo que podría funcionar para una profesión podría, luego, replicarse en las restantes. Y mucho más importante: cuidar de quien nos cuida será los que nos permita, en el futuro, estar bien atendidos y cuidados nosotros mismos. Porque, claro: si todo falla, ¿quién va a hacerlo?

 

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